martes, 1 de junio de 2010

Destino; Jamaica

Jamaica, julio de 2009.
Ocho de la mañana y John ya se estaba haciendo un porro de marihuana.
Habia sido una noche estupenda. Lo teniamos todo; sexo, alcohol y maria¿Que mas se puede pedir?. Habia estado bien, eran unas vacaciones de en sueño, pero habia un pequeño gran problema.
Me desperte en un hotel, the caves se llamaba. John estaba ahi, mirandome fijamente mientras intentaba hacer esas oes perfectas con el espeso humo del canuto.
Me miraba a los ojos.

París, París..

¿Cómo te lo explico? Fue muy rápido, incluso puede que durara tan solo unos segundos, él me miro a los ojos, sonrió, y derepente, ocurrió.
Después, aparecí en París, en frente de mi, un cafe con leche del Stargbucks.

Seis de la mañana amanece en París. Habitación 654. La poca luz que entra por la ventana me deja ver tu rostro aun dormido, me conformo con esperar hasta que te despiertes. Suena el telefono: El desayuno esta listo. Sigo esperando y me acuerdo, de aquel dia, en tu casa, no hace mucho, cuando eras tú el que esperaba a que me durmiese. También eran las seis de la mañana, solo que esta vez, esperaba yo y amanecia en gijon.

6

Jueves.Temprano.
- Ahora ya sabes cómo me gusta el café. ¿Estarías dispuesto a hacérmelo cada día?
Todo esto lo dijo ella desde la puerta desde donde se asomaba a la cocina, con su camisa de dormir y algo despeinada, como cada mañana.
Él sonrió ante esta pregunta y se volvió para mirarla con los ojos brillando.
Ella, al darse cuenta del doble sentido de sus palabras sonrió también.
- Interprétalo como quieras - dijo al fin, mordiéndose el labio inferior.

Un domingo no tan cualquiera.

Domingo por la mañana. Él estaba haciendo el café cuando ella entró en la cocina desperezándose y buscándolo con la mirada, soñolienta. Al verlo de espaldas, recortado a la luz que entraba por la ventana, se acercó y le susurró al oído:

- Hacía tiempo que nadie me preparaba el desayuno.

Los dos se intercambiaron una sonrisa pícara, acompañada de una mirada sentida, sincera.

Se podía decir que ese momento fue eterno, pero solamente lo pareció. Con ese conjunto de gestos, se dijeron "todo" en pocos segundos, no hicieron falta días, horas o meses, solo una mirada al despertar, una sonrisa temprana.

Él le sonrió de nuevo, se volvió para volver a mirarla y le susurró al oído opuesto:

-Hacía tiempo que tenía ganas de preparar un desayuno para dos.

Esa mirada lo dijo todo, pero el todo no lo incluye "todo". Le faltaba algo por saber y por eso le dedicó una sonrisa escondida y le preguntó en un susurro, íntimo:

-Cariño, el café, ¿solo o con leche?
-Con leche, gracias.