martes, 1 de junio de 2010

Un domingo no tan cualquiera.

Domingo por la mañana. Él estaba haciendo el café cuando ella entró en la cocina desperezándose y buscándolo con la mirada, soñolienta. Al verlo de espaldas, recortado a la luz que entraba por la ventana, se acercó y le susurró al oído:

- Hacía tiempo que nadie me preparaba el desayuno.

Los dos se intercambiaron una sonrisa pícara, acompañada de una mirada sentida, sincera.

Se podía decir que ese momento fue eterno, pero solamente lo pareció. Con ese conjunto de gestos, se dijeron "todo" en pocos segundos, no hicieron falta días, horas o meses, solo una mirada al despertar, una sonrisa temprana.

Él le sonrió de nuevo, se volvió para volver a mirarla y le susurró al oído opuesto:

-Hacía tiempo que tenía ganas de preparar un desayuno para dos.

Esa mirada lo dijo todo, pero el todo no lo incluye "todo". Le faltaba algo por saber y por eso le dedicó una sonrisa escondida y le preguntó en un susurro, íntimo:

-Cariño, el café, ¿solo o con leche?
-Con leche, gracias.

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