lunes, 31 de mayo de 2010

Decepción.

Hay dos tipos de decepciones: Las que causamos nosotros y las decepciones que nos dan los demás.
Cuando decepcionamos a otra persona nos sentimos mal, sobre todo si es a alguien a quien quieres. No es rabia, ni siquiera frustración. Es sólo que te das cuenta de que has fallado, de que le has fallado a ese alguien, y te entristece aún más saber que, aun habiéndolo decepcionado va a seguir queriéndote. Es por eso por lo que nos sentimos tan tristes cuando decepcionamos a alguien querido. Porque no se lo merece. Pero... no deja de ser una decepción propia, por lo tanto aunque en el momento lo hayamos pasado mal siempre solemos olvidarlo con relativa facilidad.
Sí, nos acordamos de las miles de veces que nos han decepcionado, con todo lujo de detalles, incluso algunos guardan rencor el resto de su vida a quien los decepcionó y no consiguen olvidar el asunto; pero, ¿os acordáis a quién decepcionasteis vosotros? Seguramente sea mas difícil de recordar.
Las que nos dan los demás, ahora mismo pensando se me ocurren muchas que me han dado, pero prefiero no recordarlas a fondo, prefiero dejarlas ahí, en ese sitio que llamamos olvido. Y es que estas son las que más duelen, porque lo entregamos todo hacia esa persona, confianza, cariño, incluso amor, esperamos tanto de ella. Y de repente..PLOF! Te han decepcionado, ¿y qué?. No gritas, no chillas, no le das ese bofetón que crees que tanto se merece. Lo peor de todo es que no haces nada de eso. Solo te callas. Decepcionado. Y eso es peor que cualquier grito. Y duele más que cualquier bofetón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario